Había una vez una niña que se llamaba Lucía. Lucía deseaba que se le cayera un diente. Un día, se le cayó un diente, y sin darse cuenta se lo tragó. Se miró en el espejo y dijo: ¡Se me ha caído un diente! ¡Pero me lo he tragado! ¿Qué voy a hacer?
En su desesperación, Lucía llamó a su muy mejor amiga Lola, para que le ayudara a resolver su enorme problema. Lucía y Lola se pusieron a pensar como resolver el embrollo, y de pronto se les ocurrió una genial idea: iban a hacer un diente de plastilina para engañar al Ratoncito Pérez. Se pusieron manos a la obra y en poco tiempo ya tenían el diente falso.
Cuando ya era de noche, Lucía puso el diente de plastilina debajo de la almohada. Una vez que estaban todos dormidos en casa, vino el Ratoncito Pérez y cogió el diente. Como lo apretó con mucha fuerza se le quedó pegado entre los dedos, y enseguida se dio cuenta que era falso.
Al ver que la pequeña Lucía le intentaba engañar, el Ratoncito Pérez decidió dejarle una nota que decía: Querida Lucía, la verdad siempre tiene premio, la mentira no.
A la mañana siguiente, Lucía miró debajo de la almohada y encontró la nota. La leyó y se dio cuenta que había cometido un error. Por eso, esa misma noche Lucía le respondió la nota al Ratoncito Pérez contándole toda la verdad.
El Ratoncito Pérez volvió a pasar por la casa de Lucía y se puso muy contento al ver que la niña había rectificado, y tal como lo había prometido le dejó su merecido premio: un hermoso lazo de color verde para adornar su pelo y una moneda de oro para que comprara lo que más quisiera.
De esa manera Lucía aprendió que siempre debemos decir la verdad.

